COLONIALISMO MENTAL EN COLOMBIA: UNA NACIÓN QUE AÚN PIDE AMO!
Por: FERNANDO GIRALDO NARANJO (CEO en FGN Advertising Global Boutique)
Apreciados lectores:
Colombia no enfrenta únicamente una crisis política o institucional; enfrenta algo más grave y persistente: una crisis de soberanía mental. La disposición de sectores de la sociedad a justificar una intervención o invasión extranjera —especialmente de Estados Unidos— por desacuerdo ideológico no es una anomalía coyuntural. Es la expresión más cruda de una mentalidad esclavista heredada, transmitida de generación en generación, que nunca fue erradicada tras la independencia formal.
Una independencia inconclusa!
Colombia se declaró independiente en 1810, pero jamás completó el proceso de emancipación. Se liberó del dominio administrativo español, pero no desmontó la estructura mental que legitimaba la subordinación. La colonia no desapareció: se internalizó. Cambió de amo, de idioma y de bandera, pero conservó la lógica esencial: la creencia de que el orden, el progreso y la salvación siempre deben venir de afuera!
Esa mentalidad explica por qué, dos siglos después, aún se debate si el país es capaz de autogobernarse sin curaduría extranjera. Cada crisis política reactiva el mismo reflejo colonial: buscar un poder externo que “ponga orden”, incluso a costa de la soberanía nacional!
Mentalidad esclavista: herencia que no se quiso romper!
Hablar de mentalidad esclavista incomoda, porque obliga a asumir responsabilidad histórica. No se trata solo de la esclavitud formal abolida en 1851, sino de una psicología colectiva basada en la obediencia, la dependencia y el castigo al disenso.
Esta mentalidad se reproduce cuando una parte de la población acepta —e incluso celebra— la posibilidad de una intervención militar o política de Estados Unidos en Colombia, bajo el argumento de “corregir” un rumbo político que no comparte.
Eso no es pragmatismo. No es realismo político. Es sumisión internalizada. Es la aceptación tácita de que el país no tiene derecho a equivocarse por sí mismo, pero sí debe ser corregido por una potencia extranjera. Exactamente la lógica colonial!
Estados Unidos, figura del amo moderno!
Estados Unidos ocupa hoy el lugar simbólico que antes tuvo la metrópoli europea. No se le exige lo mismo que a Colombia: se le concede autoridad moral, política y militar. Cuando sectores colombianos piden sanciones, bloqueos, tutelajes o intervenciones externas, no están defendiendo la democracia; están renunciando a ella.
La paradoja es brutal: quienes se autoproclaman defensores de la libertad están dispuestos a sacrificar la soberanía nacional con tal de derrotar a un adversario ideológico interno. La historia demuestra que ninguna intervención extranjera ha tenido como fin real la autodeterminación de los pueblos; siempre responde a intereses geopolíticos, económicos y estratégicos.
Aprobar una posible invasión no es un acto de valentía cívica: es la confesión explícita de una dependencia mental no resuelta!
La colonización del conflicto político!
En Colombia, el conflicto ideológico no se tramita como diferencia, sino como traición. El adversario no se derrota con argumentos, sino con estigmatización, calumnias, judicialización o, en el extremo, con la externalización del castigo.
Cuando la política interna se vuelve incapaz de resolver sus tensiones, el colonialismo mental propone la solución de siempre: que otro decida, que otro imponga, que otro controle!
Este fenómeno no es marginal. Está presente en élites económicas, sectores mediáticos y franjas de la opinión pública que asumen que la soberanía es negociable si el resultado político no les favorece.
Descolonizar o repetir la servidumbre!
Descolonizar la mente implica rechazar una verdad incómoda: no existe democracia sin riesgo, ni soberanía sin posibilidad de error. Un país verdaderamente libre no es el que nunca se equivoca, sino el que asume las consecuencias de sus decisiones sin delegar su destino.
Mientras Colombia siga creyendo que necesita permiso externo para existir políticamente, seguirá atrapada en una república formal con alma de colonia. La verdadera ruptura no será institucional ni electoral: será mental.
Desde mi óptica!
La aprobación de una posible intervención o invasión estadounidense a Colombia no es un gesto aislado de desesperación política. Es el síntoma más evidente de una mentalidad esclavista generacional que nunca fue confrontada ni desmontada.
El colonialismo ya no llega en carabelas ni desembarca con ejércitos visibles: opera desde la mente, desde la renuncia voluntaria a la soberanía.
Colombia no necesita brigadas de alcaldías y politiqueros acudiendo al hoy, «Vaquero del Oeste» para que salve el país, y menos personajes con aspiraciones presidenciales en condición de cariñosas, la cereza.
Todas esas incidencias desencadenaron esta crisis política bilateral que ya venía lacerada y con entendimiento se podría haber subsanado…
Colombia no necesita salvadores externos. Necesita, urgentemente, dejar de pedir amo!!!
Lo digo yo!
Cortesía: FERNANDO GIRALDO NARANJO / FGN Advertising Global Boutique.
