LA DESHOMOSEXUALIZACIÓN DE MARICA A ESTATUS DE PENDEJO!
Por: FERNANDO GIRALDO NARANJO (CEO en FGN Advertising Global Boutique)
Apreciados lectores:
Una palabra que cambió de significado, de territorio y hasta de clase social
Hay palabras que desaparecen, otras que envejecen y algunas que sobreviven transformándose. Marica pertenece a esta última categoría. Pocas expresiones del español colombiano han experimentado una mutación semántica tan extraordinaria.
Durante décadas, marica estuvo asociada al hombre afeminado, a la homosexualidad masculina y a una forma de insulto profundamente cargada de estigma. Pero algo comenzó a cambiar. Más de dos décadas después, aquella observación resulta todavía más reveladora.
Porque marica no desapareció. Se democratizó!
* DE LA ESQUINA A LA ACADEMIA!
Hoy la palabra puede escucharse prácticamente en cualquier estrato social y en casi cualquier escenario de la vida cotidiana.
En la barriada: “No sea marica, déjese de bobadas.”
En la universidad: “Marica, ¿ya terminó el trabajo?”
En una oficina: “Marica, se nos cayó el negocio.”
En una cancha: “¡Marica, qué golazo!”
Entre empresarios: “Ese marica sí sabe negociar.”
Entre amigos: “¿Qué más, marica?”
La palabra cruzó una frontera que pocas expresiones consideradas vulgares consiguen atravesar: la frontera de las clases sociales.
La utiliza el estudiante y el trabajador, el profesional y el comerciante, el deportista y el ejecutivo. Puede aparecer en una conversación de esquina o en una reunión entre profesionales. Incluso puede escucharse en ambientes donde, en teoría, debería imperar un lenguaje cuidadosamente formal.
Eso es lo verdaderamente extraordinario. Marica dejó de identificar necesariamente a quien habla y comenzó a identificar la relación entre quienes hablan y la situación en la que hablan.
* YA NO NECESARIAMENTE HABLA DE SEXO!
Aquí está el núcleo de la transformación. Cuando un colombiano dice: “No sea marica”, generalmente no está haciendo una afirmación sobre orientación sexual.
Está diciendo:
“No sea pendejo.”
“No sea ingenuo.”
“No se deje engañar.”
“No haga una estupidez.”
La palabra pasó de señalar una supuesta identidad a calificar una conducta.
Y apareció una derivación todavía más reveladora: maricada.
Una maricada puede ser una tontería, una estupidez, una pérdida de tiempo o una decisión absurda.
“Deje de hacer maricadas.”
En esa frase, la homosexualidad sencillamente no existe.
* EL INSULTO QUE TAMBIÉN EXPRESA CARIÑO!
La paradoja es fascinante: marica puede ser insulto y afecto dependiendo de la entonación y del contexto.
“¡No sea marica!” puede ser una reprimenda.
“¿Qué más, marica?” puede ser una expresión de amistad.
“¡Marica, qué susto!” puede expresar sorpresa.
“Ese man es mucho marica” puede ser desprecio, admiración o simplemente una descripción coloquial de alguien considerado torpe o ingenuo.
La palabra es la misma. Lo que cambia es su temperatura emocional.
Por eso su significado contemporáneo no puede entenderse solamente desde el diccionario. Hay que entenderlo desde la sociolingüística: quién la utiliza, con quién, dónde, cuándo y con qué intención.
* LA PARADOJA DE LA DESHOMOSEXUALIZACIÓN!
Sería incorrecto afirmar que marica dejó definitivamente de significar homosexual. Esa acepción todavía existe y puede conservar una carga ofensiva cuando se utiliza con intención homofóbica.
Lo que ha sucedido es mucho más interesante: la homosexualidad dejó de ser el significado obligatorio de la palabra.
Ese desplazamiento es fundamental. Una expresión que alguna vez servía para marcar una identidad sexual terminó convertida en un recurso cotidiano para expresar confianza, sorpresa, indignación, complicidad, reproche o estupidez.
La palabra no perdió su pasado. Perdió su monopolio!
* EL LENGUAJE LE PERTENECE A LA GENTE!
La historia de marica demuestra que el idioma no evoluciona únicamente en las academias ni dentro de los diccionarios.
- Evoluciona en la calle.
- En el barrio.
- En las universidades.
- En las oficinas.
- En los estadios.
- En las familias.
- En las redes sociales.
La gente toma una palabra, la transforma y le asigna nuevos significados. Eso ocurrió con marica.
Dejó parcialmente el territorio de la sexualidad, atravesó las diferencias sociales y terminó instalada en prácticamente todo el espectro de la conversación colombiana.
Quizá por eso su evolución pueda resumirse con una frase tan simple como contundente: Marica perdió la exclusividad de la homosexualidad y encontró al pendejo.
Y en ese recorrido consiguió algo todavía más extraordinario: convertirse en una de las palabras más versátiles, democráticas y transversalmente colombianas de nuestro idioma.
Lo digo yo!
Estratega & Marketer
Cortesía: FERNANDO GIRALDO NARANJO / FGN Advertising Global Boutique.
